Algunas de las características propias del fluir son: - Tener unas metas claras. Saber qué debemos hacer a cada paso. Éste es un poderoso factor de implicación. - Recibir información frecuente y actualizada acerca de nuestro desempeño. Se trata de ir conociendo las consecuencias de lo que vamos haciendo y saber si estamos en el buen camino o no. - Mantener un equilibrio entre las demandas y los retos de la tarea y los recursos y habilidades de los que disponemos para llevarla a cabo. En este caso, hablamos de reto óptimo, teniendo en cuenta que, si las demandas superan los recursos, nos colocamos en situación de estrés, mientras que en caso contrario, irá apareciendo el aburrimiento. - Una concentración profunda, vivir el presente y una poderosa sensación de control son otras de las características asociadas a la experiencia de fluir. Está claro que existen en la vida factores desfavorables como: precariedad, rigidez horaria, monotonía, bajos sueldos, individualismo, luchas de poder, presiones, incapacidad de decisión....Sin embargo también se puede afirmar que estos factores desfavorables condicionan pero no determinan, que tenemos a nuestro alcance diferentes recursos que pueden influir que vayamos en la dirección deseada, incluso en los peores escenarios. Conocerlos y aplicarlos nos dan la última palabra. Instalarnos en la queja, la resignación, la pasividad, el pasotismo, tomar una actitud de no complicarse la vida o pedir bajas injustificadas no van a mejorar nuestro rendimiento, y lo que es peor, nos irá amargando progresivamente. Lo que interesa es re-orientar la perspectiva laboral o de entrenamiento de nuestra gente, y de nosotros mismos si nos vemos identificados. Uno de los cambios que podemos introducir puede ser utilizar lo mejor de nostros mismos, nuestras fortalezas. Tradicionalmente hemos asistido a la tendencia de descubrir los puntos débiles y esforzarse para mejorarlos. Pero hoy ya hay quien rompe con esa diámica y apuesta por identificar los puntos fuertes y edificar sobre ellos. De hecho sn innumerables las conductas que pueden ayudarnos a plasmar este cambio de actitud: - Abrirse a cualquier cosa que se pueda aprender - Desarrollar nuestra creatividad - Mejorar los hábitos posturales - Aumentar la eficiencia de nuestros gestos - Personalizar nuestro espacio de trabajo - Distribuir tareas, el espacio y el tiempo - Ganar confianza en nuestras capacidades Las oportunidades para utilizar lo mejor de nosotros mismos están ocultas incluso en las tareas supuestamete menos interesantes. Lo importante que cambiar de pespectiva influirá positivamente en lo que hacemos y en cómo lo hacemos. El trabajo puede ser poco deseable, pero nuestra actitud será correcta y cualquier cosa positiva que hagamos disminuirá nuestra percepción de pérdida de tiempo y falta de sentido. El ambiente deermina la calidad de nuestro trabajo y difícilmente podremos hablar de trabajar a gusto si nuestras relaciones-jerárquicas o entre iguales- son negativas. Delegar responsabilidades, escuchar, proporcionar confianza, dar márgena la acción, estimular la participación, evaluar actuaciones y no personas, potenciar el diálogo son algunas características que presiden un buen ambiente de trabajo y de entrenamiento. Por otro lado, la cooperación dentro de un grupo humano que no es otra cosa que coordinar acciones, propicia un ambiente donde todos salen ganando y donde sus experiencias suman a la sinergia del equipo. BIBLIOGRAFÍA ¿Puede el trabajo hacernos felices?- (2007) Fossas, F. Integral, Revista nº333.