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En la actualidad uno de los problemas que se encuentran los educadores en general es que la escuela y la familia no dan abasto con el comportamiento que presentan algunos jóvenes: mala educación, gritos en vez de discusiones, poca o nula motivación, individualistas en extremo, falta de autoestima, los centros de interés pueden no motivarlos como antes, etc. (Comas; Giner, 1997).
Sabemos que la adolescencia es una etapa de paso, de transición. Un camino donde el chico habrá de definir su identidad, dejar de ser dependiente y comenzará a decidir por si mismo. Es un recorrido inestable y difícil para muchos. Los educadores, directores de tiempo libre, monitores, etc. podemos ayudar a crear un marco favorable para el desarrollo de su identidad y la expresión de ésta desde nuestros centros y agrupaciones.
El siguiente trabajo tiene como objetivo presentar un marco teórico que sustente una explicación válida para describir las habilidades emocionales susceptibles de ser entrenadas* en una organización de tiempo libre.
*Entrenamientos: El entrenamiento se considera para este trabajo como el proceso de adquisición de habilidades emocionales por parte del grupo objetivo, en este caso adolescentes.
Posteriormente se presenta un programa aplicado de entrenamiento en habilidades emocionales para finalmente comentar y discutir las apreciaciones al respecto.
A continuación se presenta los objetivos generales de este trabajo.
Nuestros objetivos generales son los siguientes:
Desde hace algunos años se ha ido constatando la disminución de la cantidad de adolescentes y jóvenes respecto a niños y niñas en las actividades de tiempo libre (López, 1997). Probablemente se debe en parte a la falta de ideas repetición de las mismas, tiempo y formación insuficiente de aquellos que trabajan con ellos entre otros factores (post-modernidad lo llaman algunos).
También puede explicarse esta disminución en la participación de jóvenes por la lógica del ciclo vital: buscan independencia y huyen de las normas establecidas.
Somos concientes que el trabajo con adolescentes implica diversos factores como: el tipo de grupo o entidad; modelos de referencia en los monitores, coordinadores o educadores; el protagonismo que desean los mismos jóvenes; la vinculación con redes de entidades sociales del entorno, etc. Pero existen otros factores que finalmente se complementan con esta búsqueda de si mismos: la necesidad de mantener o potenciar la autoestima, la importancia de las relaciones interpersonales como la amistad, el amor y la solidaridad, la motivación frente a la vida entre otras cosas.
Por otro lado, todos en algún momento hemos sido testigos que los coordinadores y adolescentes pueden lograr una común-unión en el día a día divirtiéndose y trabajando en busca de un objetivo. De alguna u otra manera todos tenemos la capacidad de aprender a utilizar nuestras habilidades para alcanzar un grado mínimo de competencia.
Como todos tenemos esta capacidad de utilizar nuestras habilidades, también tenemos la capacidad de aprender a utilizar nuestros estados anímicos para la consecución de nuestros objetivos personales, es decir de educarnos emocionalmente.
Sin duda que existen diversos programas educativos que intentan trabajar aspectos como: la salud, la igualdad y la integración, la educación ambiental, el trabajo grupal (Ventosa, 2006). Pero observamos una carencia en el aspecto de educación emocional.
Hablamos de aprender y practicar una mejor educación emocional, es decir disponer de una autoestima alta, de un buen control de las emociones, de un pensamiento positivo y de unas adecuadas relaciones interpersonales, todos estos elementos que constituyen los recursos principales que debiera contar todo joven y adulto en general.
Las emociones son como amigos que nos dicen sinceramente qué es lo que ocurre en nosotros respecto de nuestro mundo interno. Como a los amigos, escógelas con cuidado, porque de ello puede depender tu felicidad o incluso tu vida…
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